Vacaciones útiles

febrero 17, 2009 en 7:16 pm | Publicado en amor, blog, familia, fomento de la lectura, love, mujer, santidad, vida, writing | 2 comentarios
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Los mejores veranos, los de la infancia.

Los mejores veranos, los de la infancia.

Mi madre es maestra. No es una profe, así, pacharacamente como cualquiera ahora puede serlo, si le falta la plata y si no encuentra chamba en su carrera. Sin quererlo, sin pensarlo y porque no se le ocurrió otra cosa mejor, es maestra. Le hubiera ido bien de analista política, de abogada o de publicista. Fue educada en una época donde serlo tenía una mística y sobre todo, dignidad. A su carrera le dedicaba casi todo el año. Se la pasaba educando a los hijos de los demás. Cansada de aguantarlos, venía a vernos y ya se imaginan que la pobre andaba sacada de quicio la mayor parte del tiempo. Agotada, intentando de poner disciplina cuando lo único que ella deseaba era una ducha y a la cama, luchaba porque entendiéramos el valor de la disciplina, el orden y la verdad.

Pero en verano, ella era nuestro mayor divertimento. Le encantaba leer. Le encanta leer. Se sentaba en el escalón de nuestra puerta principal, con nosotras, pequeñísimas, a contarnos historias y si era necesario, a leérnoslas. Nuestros primeros recuerdos (los de la Negra y Chochi también) son sentaditas, apretadas a ella, mientras nos leía Corazón, de Edmundo de Amicis. Iba deteniéndose, explicándonos lo que no comprendíamos. Ayudándonos a imaginar, con olor de mandarinas, uvas que se pelaban, manzanas heladas, que nos dieron los mejores efectos especiales de todos los tiempos; para que nada se nos olvidase.

Cada lectura era un viaje que en nuestras mentes, aparecían como películas apasionantes que ella interrumpía ex profeso en el mejor momento: siempre ha pensado que el truco para leer ininterrumpidamente es dejar la lectura cuando más se disfruta. Bastante masoquista, digo yo.

Con mi padre metido en la escritura de sus libros, nuestro tiempo libre era cubierto por ella. Nos llevó de viaje con sus lecturas, nos enseñó a cocinar a cada una, nos enseño a coser, a limpiar de verdad, a que “cada cosa tiene un lugar en el espacio”, a que “vive el que se decide”, a que “el mundo es de los audaces”, que “el brillante atrae al brillante”… le aprendimos hasta los trucos. Nos llevó algunas veces a la playa, mientras nos aferrábamos con las uñas al viejo wolkswagen que conducía como primeriza.

De tanto en tanto, la veíamos con un libro inmenso en las faldas, y de tanto en tanto mirar al cielo también; un atlas del mundo, ilustrado, en el cual viajaba con la mente. Con ella aprendimos a hacer itinerarios, a caminar por calles imaginarias en tours imposibles, conocer historias diferentes. Con ella aprendimos a fantasear.

Luego llegaba la temporada pre inicio de clases y todo este conciliábulo de mujeres y niñas, quedaban postergado para algunas pocas épocas durante el año; se cerraban las puertas de los patios y mi madre dejaba de soñar.

Cuento todo esto porque ayer, no tuve luz en casa. Sin internerd ni cable, Chucky (hija de la Negra y mi sobrina) no tuvo más remedio que sentarse conmigo a escuchar lo que les acabo de contar y otras historias más… y no pudo desengancharse. Hoy la voy a encontrar subida en un banco, buscando algunos libros que ya nadie lee, en la biblioteca, muerta de la curiosidad.

Las vacaciones útiles, no son por los cursitos en los que te enchufaron tus viejos, ni si pagaron un dineral para que Satriani te enseñara a tocar guitarra, por ejemplo. Fueron cuando el tiempo libre compartido con ellos fue de calidad, y viviste los mejores veranos de tu vida.

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2 comentarios »

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  1. nada mejor q descubrir el placer solitario de la lectura. sobre todo en vacaciones, cuando la tarde dura más y afuera hay un cielo como el de la foto, luz para leer hasta que te canses…

  2. Pedagógicamente, entonces, mi madre nos inducía a ese vicio que es la lectura, sin que nos diéramos cuenta. Luego, leíamos lo que ella nos había contado, para saber si era verdad lo que había dicho… con el tiempo, empezamos a “robarnos” los libros recién comprados. Mi madre es archifan de las novelas policiales y tiene una colección respetable…


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