A tu lado

noviembre 24, 2004 en 3:46 am | Publicado en blog, coupling, love, mujer, writing | Deja un comentario
A Miguel Bances

Ojos cerrados. Boca abierta. La serpiente ardiente corriendo por su garganta, programada, diagramada, directa al estómago. Cuantos más viajes hace, menos amargor siente. La mano viaja, también, regresa a la mesa, rítmicamente, coordinando el gesto, la mente, el ansia, la hora. Deglute y se estremece, nuevamente. Él la mira, sin decir nada, desde el otro ángulo, y bebe también. No se atreve a pronunciar palabra, pero parece enternecido por toda la escena en cuestión: medianoche del jueves, bar del centro, olor a creso y otro par de borrachos como ellos, sentados a unos metros allá. Música.

…You think I´d leave your side baby….

Ella pasa la mirada por la barra y le muestra el vaso vacío al mozo. Arrima la botella de ron, esperando la siguiente. Hacía media hora que él la había escuchado hablar por última vez. ¿Cómo sería su voz luego de media hora como la anterior? Ya sabía cómo lucía: un mechón lacio caía sobre su frente, el calor le enrojecía las mejillas, la vista entornada y el rostro sobre las manos, éstas sobre los codos, éstos sobre la mesa. Al llenarse el vaso, nuevamente aparecía aquella coreografía extraña que le maravillaba, que le tenía cautivado; sabía que podía pasarse horas mirándola beber. Sus actos autómatas eran tan particulares, tan excepcionalmente creativos, para él, a quien casi nadie lograba asombrar. No dijo nada y brindando, bebió.

…I wouldn´t do that…

…I wouldn´t do that…

A lo lejos, se escuchaban los gritos de los cobradores de las combis que llevaban al Callao. Algunos anunciaban que eran los últimos y que luego de ellos, no habrían más hasta el día siguiente. Miran a la puerta del bar, todos, menos ella, preocupados por la hora, los ladrones, la movilidad, el cálculo de la cuenta… todos, menos ella. El ron va sedando, atontando sus sentidos, sus ideas que le escupen razones, va dibujándose un camino perfecto, no dentro de su faringe, sino dentro de lo más profundo de ella. Aparta el mechón, mira a su conciencia, tomando en silencio, también. Lo mejor de todo era que no habían habido preguntas, ni extrañeza. Ella se había sentado y él había pedido por ella, dando en el clavo, como siempre. No necesitaba explicaciones. Ambos conocían demasiado bien el tipo de asuntos que hacen hacer éstas cosas. Ella estuvo a punto de soltar una carcajada, ante la cara parsimoniosa de él; sí, realmente era su conciencia. Cerró los ojos nuevamente.

…I´ll tell you you´re right when you want…and if only you could see into me…

Esperando algo. Eso era lo deprimente. ¿Sabes porqué odio a Marc Chagall? Porque en toda su obra mostró felicidad. Completa y lineal felicidad. Me gustan sus colores, sus temas. Pero los detesto, también. Nadie puede ser tan coherente sin volverse loco. En ese cuadro, en el que el personaje vuela y besa a la mujer, se respira paz, orden, espejo encontrado, camino recto. Imposible. Él la mira, levantando una ceja. Ella hace un rictus de desprecio y sigue bebiendo, como si estuviera en casa, sola. Hace tanto tiempo que no he puesto mi mano sobre esa mejilla, cuñao. A esta hora él no se afeita. Los nervios de las yemas de sus dedos miran al viento, recordando la escena. Solían raspar, pero era un certero rasgo de masculinidad, de alter ego. Se suponía que así debía de ser. Mira al vacío.

…I will show you… you´re so much better than you know…

Uno de los borrachos de la mesa continua cae pesadamente al piso. El vaso que sostenía cae ruidosamente, también, y el acompañante recoge los restos de ambos, disculpándose con el mozo que se acerca con una escoba vieja y un recogedor; maldicen ambos al durmiente. Ella sopla su mechón, que vuelve a caer cargosamente sobre su rostro pálido; mira a los vecinos y sonríe. Él bebe, dejándola sola por un instante con sus pensamientos.

Caravanas de gente paseaban todas las noches y todos los días, en estos últimos periodos de desconcierto, rumbo a donde ella siempre había estado, hablando consigo misma, durmiendo consigo misma, mientras sus palabras escapaban de los espacios para pegarse a las personas; para pegarse a aquel que era la mejor creación de todas, creatura de su mente febril. ¿Lo era? No, no era nada, sólo figura, silencio, oscuridad conocida, luz perfecta, infierno celeste, buen amante de las falacias que ella inventaba. Llegado el tiempo, su adorable Golem se reveló tan estúpido que fue imposible seguirle fantaseando futuros perfectos. Hasta la idea de darle un hijo había fracasado. Todo había perdido el gusto, el dichoso sentido del destino encadenado. Le estorbaba para seguir viviendo o lo que sea que ella haga últimamente; para poder respirar, siquiera. Era menester encaminarse a otros universos. Ya no daba para más. Desde hace mucho tiempo. Desde que se descubrió demasiado íntegra para jugar consigo misma, con su propio corazón. No le importaba que él la quisiera, que le pidiera que no se fuera. No le importaba más que la verdad; era simplemente que no podía vivir arrastrándose con él halando de su pie. Ella miró su trago, fastidiada. Rellena el vaso. Su compañero de mesa contempla su réquiem silencioso y políglota en esencia; estamos de luto, había dicho ella, cuando se sentaron, al inicio de todas las borracheras. Sabe que recita en silencio y no pide traducción.

…I will find you darling…and…I´ll bring you home…

Te juro que hago mi mejor esfuerzo. Serpiente que corre hacia abajo, nuevamente. Que algún día estarás orgulloso de mí, que los chanchos volarán, como lo hacen en España –así los trasladan a un matadero en Alicante, por teleférico- que lloverá de abajo pá arriba y que no recordaré absolutamente nada de lo que viví. Te juro que escribiré tantas ficciones que, tendidas verso por verso, tendrán la misma cantidad de metros que hay en la circunferencia de la tierra, que me morderé la cola en silencio, que comeré bien por las noches… una mosca se para en la mano que sostiene el vaso. Le deja hacer. Ahora sí parece ser que ha partido la última combi. Pasan los autos, esporádicamente. El compañero empieza a estar algo inquieto, atrincherado en su esquina.

…I´ll be there… by your side…

..by your side…babe…

Van, los rincones del bar, sumiéndose en un silencio total. Al caer ella, inconsciente sobre la mesa, él la ve llorando.

Anuncios

Dejar un comentario »

RSS feed for comments on this post. TrackBack URI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.
Entries y comentarios feeds.

A %d blogueros les gusta esto: